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miércoles, 4 de enero de 2017

La Bebida de los Hombres - Parte 4

Margarita no podía terminarse su atole…Tenía el gusto muy amargo y no sabía por qué. Quizá ya no tenía apetito por algo caliente. Su mirada se perdía en la lejanía por sobre los verdes cultivos de maíz; obstinada en reconocer algo que sus ojos no podían distinguir del todo, o bien, tratando de ver para ella y su familia un lugar más allá del Valle de San Jacinto donde pudieran vivir sanos y salvos; donde pudieran tener un futuro que consistiera digamos de por lo menos algunos cuantos mañanas y atardeceres…Pero la pobre no contaba con tales habilidades.

Su esposo Felipe se había dado cuenta del estado en que se encontraba. No hallaba palabras que pudieran reconfortarla y disuadirla de lo que ella quería hacer.
El Padre de Margarita, Don Feliciano, trabajaba con velocidad limpiando las mazorcas recién cosechadas. Sus manos temblorosas y entradas en años no parecían padecer de la rutinaria tarea, y su ánimo parecía no corresponder con la situación que se vivía en el pueblo y en el seno de su propia familia.
Su boca arrugada mostraba apenas unos cuantos dientes prietos pero eso no le impedía sonreír a medida que iba desgranando las historias que más le gustaban. A él poco le importaba que todo mundo las conociera de memoria. Sentía que era un deber suyo, el proveer un poco de alegría y desfachatez mediante esas andanzas jocosas de las cuales se jactaba que había participado; milenios atrás, cuando la Luna era más grande y los campos más verdes - decía él.

martes, 15 de noviembre de 2016

39 - Parte 4

La casa de Leonel Alvarez se hallaba sumida en la oscuridad cuando él llegó; una casona de aspecto corriente al lado de otras tantas que también se hallaban apagadas y dormidas; muertas y frías a los ojos vidriosos del único remedo de espectro levantado en el vecindario.
Llevaba ahí largo rato, en el gélido interior de su auto apagado; estacionado justo fuera de la cochera de su casa...Su mente estaba en blanco y procuraba no hacerse ninguna pregunta por la cual obtendría una respuesta en automático; un "fax" no solicitado y mayormente en blanco salvo por un extraño emoticón en el centro del papel; cosas extrañas; cosas que se salían de ese más o menos estrecho universo material y simple al que él se hallaba acostumbrado.

Tenía la vista fija en la puerta y escrutaba todos aquellos detalles que ya le eran familiares (y que alcanzaba a ver, desde esa distancia); aquellas imperfecciones y golpes que había sufrido a lo largo de su historia.
La clave para mantenerse en control y no perder la cordura eran los "saltos de memoria", como él mismo los llamaba, y que básicamente consistían en elegir un recuerdo, profundizar en él, y luego desviarse en alguno de sus detalles; profundizar o recordar algo relacionado; desviarse y repetir el patrón...De forma indefinida; repetitiva...Hasta terminar en un punto totalmente ajeno, y con suerte, olvidar esos temores...Esas sombras que lo acosaban desde el principio. Eso se llamaba “evasión” y lo sabía muy bien, pero Leonel era muy afecto a etiquetar razonamientos o procesos mentales con nombres poco comunes. Los saltos mentales eran un escape perfecto de la realidad.

viernes, 27 de junio de 2014

La Bebida de los Hombres - Parte 3


El Padre Augusto se hallaba cansado, y un tanto aburrido también, ¿por qué no decirlo?...El calor de la tarde hacía que sudara de forma incómoda; sobre todo estando ahí, dentro del reducido confesionario y esperando la llegada de algún pecador decidido a admitir sus ofensas contra el Señor. No hubo muchos ese día, tenía que admitirlo...Y ansiaba levantarse y recluirse en sus frescos aposentos; tomar un poco de vino tinto y relajarse mentalmente...Tenía mucho que predicar; mucho qué decir en la misa de 7 de la noche. Su parroquia lo necesitaba ahora, más que nunca...Y estaba a punto de marcharse cuando vio que alguien entraba al recinto derecho del confesionario y abría la ventanilla que lo comunicaba y por medio de la cual, el Padre Augusto escuchaba a los arrepentidos y estos a su vez, escuchaban la penitencia salvadora que limpiaba toda mancha; que aliviaba el escozor provocado por las malas conductas.
Una voz desconocida rompió el silencio imperante...

martes, 7 de enero de 2014

Las Sorpresas del Día

Sus ojos, llenos de esas cositas difusas que enturbian la vista de los hombres de su edad, se posaron sobre el paquete que yacía en sus piernas.
Sus manos temblorosas comenzaron a trabajar; desenvolviéndo cuidadosamente aquello que le había mandado su esposa; aquello que no recordaba qué era, pese a que se lo habían dicho temprano.

Para él todo era una agradable sorpresa, hasta el calorcillo de la dura banca de concreto en la que estaba sentado; las gentes que paseaban por el parque...gentes que jamás había visto en su vida (o eso creía él), y todo el alboroto que hacían. En especial los niños.
Le divertían las riñas y lo competitivos que eran algunos de esos niños...A veces, cuando tenía tiempo de sobra, seguía las andanzas y travesuras de esos niños que se reunían a jugar luego de la escuela. Las marrullerías y aquellas pequeñas decepciones, que luego eran compensadas; ningún niño se enojaba más de 5 minutos...Aunque bueno, había sus excepciones.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Consumido en la oscuridad

"No vuelvas a buscarme, por favor..." fue la última parte de aquel mensaje lacónico y entonces, la nada. El fin de la grabación digital; el fin de todas las cosas si le preguntaran a él.
Harían falta palabras; muchas palabras...Pero no las tenía; carecía de ellas y de muchas cosas. Aquel hueco que anidaba en el fondo de su corazón constituía más un abismo que lo devoraba de adentro hacia afuera y que engullía todo sentimiento y toda idea que comenzaba a danzar sobre su resquebrajada conciencia, y fue por ello que poco a poco, fue convirtiéndose en un ser sin palabras; sin ideas ni aspiraciones; mudo ante la vida y vacío de cualquier tipo de emoción.
A partir de ese momento, como si se tratase de una especie de sol negro, fue llevando la oscuridad y la desdicha allá donde iba; allá donde vagaba sin ningún rumbo en específico. Tropezaba y daba tumbos pero continuaba, gobernado por ese mismo hueco hambriento que ahora se alimentaba de las palabras y de las risas de los demás. Desolación, desesperación y confusión eran las huellas que a su paso dejaba; un muerto en vida que robaba la energía y la pasión de todo aquel que se llegaba a cruzar en su camino.

martes, 10 de septiembre de 2013

Asesino en las Sombras

El equipo Ambar cruzó rápidamente el portal. Genie sacó su escáner y sin perder tiempo alguno lo puso en marcha. El aparato arrojaba más y más lecturas a medida que el resto del equipo se le unía. El lugar se encontraba sumergido en una oscuridad ominosa cuando las linternas de algunos de los miembros del equipo comenzaron a disiparla por rafagas luminosas. Pronto comenzaron a aparecer rincones sucios; telarañas de formas caprichosas; esculturas rotas y objetos extraños dispersos por todas partes. La bóveda era alta y de ella colgaba una araña vieja y oxidada, que parecía que no se les caería encima en los próximos minutos.
Al final de la estancia había 3 puertas; cerradas todas ellas...El equipo se distribuyó rápida y eficientemente a lo largo y ancho de aquel lugar. El portal fue clausurado y un grupo comenzó a acumular muebles y objetos pesados ante dicho portal. Cualquier cosa servía...O eso esperaban ellos.

- El lugar está limpio! - Anunció Genie - Rod, ¿cuántos perdimos esta vez?...Tara, organiza un grupo de reconocimiento!...Vamos a tener que movernos de aquí muy pronto!
- Genie, todos estamos cansados de correr...
- ¿Rod?!
- Conté 12, Gen. Perdimos a 2. Silvia y Arnold cayeron al vacío antes de que cualquiera pudiera hacer algo por ellos.
- Ok. Tomemos 10 minutos. Clara...Sé que todos estamos cansados de correr. Pero tú has visto lo que esta incursión nos ha costado. Hemos perdido ya un tercio del equipo. Me temo que si no nos movemos constantemente...Corremos el riesgo de que nos encuentren fácilmente.
- Yo te entiendo, pero...¿Qué nos delata, Jefe? - Preguntó Clara, la pelirroja que hacía más preguntas que todos los demás juntos.
- No lo sé, de verdad. ¿Alguna teoría, Greg?

jueves, 8 de agosto de 2013

Nimrz y la Flota de 1000 Cucarachas

El abyecto general reunió a sus tropas de élite; todos esos abigarrados y acéfalos insectos se movían como las cucarachas que eran; caminando en sus 4 patas posteriores, haciendo tac, tac, tac. Todo con la precisión y la formalidad debida. No se dispensaban disculpas ni perdones para las antenas en mal estado; ay de aquel que no llevara sus botas pulidas y su pulcro confalón colgado de sus pechos escarlata; todos conocían bien las gentiles diatribas que podían esperar si no cumplían al menos con esto.
Pero...El insecto que se situaba a la derecha del general...¿Quién era?...Muchas cucarachas se preguntaban lo mismo. Nadie le conocía o lo había visto antes. Enclenque e inane como se le veía, parecía poco probable que fuera familiar del bicho gordo y orondo que era el gran general Vouldrar III. Imposible!, y todos conocían bien la genética y a la ingente parentela del general.

- Bien, bien. Todo mundo, dejar de farfullar! - Gritó la gran cucaracha y el silencio se hizo manifiesto.

viernes, 12 de julio de 2013

39 - Parte 3

Una figura tambaleante cruzó el largo pasillo, pasando a unos metros del adormilado Policía de turno...Quien luego de unos instantes recordó que se suponía que el sujeto debía de registrarse en su cuadernillo de visitas, y que se había pasado de largo.
Se levantó perezosamente y se asomó por el pasillo. Ya no estaba...¿Había sido real?, ¿había pasado alguien por ahí?...Quizá tomarse un café cargado era buena idea, se dijo, mientras volvía a su cómoda silla de múltiples posiciones.

Leonel Alvarez caminaba nervioso hacia el despacho de la Fiscal Especial. Se culpaba una y otra vez por la falta de auto-control que había exhibido en la sala de interrogatorios. Llevaba revuelto el expediente del homicida y ahora caminaba como una especie de zombie, siguiendo una voz interior que lo controlaba de forma espeluznante; que le permitía ser consciente de él mismo hasta cierto grado, pero que por otro lado le impedía hacer cosas como enderezarse el nudo de la corbata; que adormecía su razonamiento con cada sílaba que ponía en el interior de su cerebro. No daba crédito a cuan fácil habían caído todas y cada una de sus defensas mentales...¿Qué o quién lo controlaba ahora?

El Psicólogo se paró de forma descompuesta justo a la entrada de la oficina de cristales inmaculados...Indeciso en si debía de tocar o esperar a que lo invitaran a pasar. Ella se hallaba totalmente inmersa en su máquina portátil. A Leonel le llegaba el golpeteo de sus largas uñas sobre las teclas de plástico.
En algún punto, el "click-clack" cesó y la mujer reparó en que había alguien afuera de su oficina. Se ajustó sus gafas de moldura oscura y barrió con la vista la maltrecha humanidad del Licenciado Alvarez. Dió un sorbo al vaso térmico que se encontraba sobre su escritorio y se repatingó en su elegante silla de piel.

jueves, 4 de julio de 2013

La Bebida de los Hombres - Parte 2

Francisco apuró su café. Tenía que seguir con la investigación (o eso es lo que él se repetía a sí mismo) y no quería quedarse más de lo necesario en Las Magdalenas. Lo habían recibido mejor de lo que esperaba, dadas las circunstancias...Y no deseaba crearle a la gente falsas expectativas. La verdad es que no había ninguna pista ni explicación sobre los crímenes cometidos. Luego de varios días y semanas en algunos casos, los cuerpos habían sido movidos, velados y enterrados. Las escenas de los crímenes habían sido más que alteradas o ya no existían para entonces. ¿Cómo podía conducir una investigación así?...¿Por qué lo habían mandado a él?

Siendo totalmente realistas; la autoridad de la capital había respondido por mero compromiso, para no verse demasiado...desobligada o apática. También, siendo francamente realistas, al mandarlo a él enviaban otro mensaje al mismo tiempo: "Arreglenselas como puedan!".

martes, 18 de junio de 2013

El Vendedor de Estrellas

Me situé justo enfrente de la puerta y toqué el timbre como debía de hacer. Una armoniosa sucesión de alegres sonidos se escuchó en el interior del departamento 1323...Y durante el siguiente minuto estuve muy tentada a abandonar la locura que me había llevado hasta ahí y regresar a casa de la Abuela para reclamarle por sus disparatadas y lunáticas historias.
Hasta una niña de 9 años como yo sabe cuando un adulto de muy avanzada edad te está contando fantasías sin fundamento ni moraleja; prosa descuidada y salpicada de anécdotas difusas; historias perdidas y alteradas por excentricidades y opiniones sobre lo que "debería ser", en lugar de "lo que fue realmente".

Yo me iba a marchar cuando la puerta se abrió y un señor mayor envuelto en una colorida bata salió a atender el llamado. Lo primero que hizo fue buscar en todas direcciones al responsable de haberlo sacado de la cama (quizá). Sus ojos viejos y cansados no tuvieron éxito en tal objetivo pues yo me encontraba bastante más abajo de su línea de vista...De manera que tuve que carraspear para anunciar que me encontraba ahí; varios centímetros abajo de lo que cabía esperar.

jueves, 16 de mayo de 2013

El Adefesio y las Locas


Mauro y Julio eran dos locas sentadas en su cómodo carrito de golf, paseando campantes por una de las colinas del campo "Tres Marías" cuando de pronto vieron a un sujeto bajito de gorro color verde (súper, súper mayate!) salirles al paso y decididamente interrumpirles la diversión. Los carros se detuvieron de manera abrupta tan solo a unos centímetros del bajito, quien de inmediato les increpó:

- Alto, locas!...¿Qué nadie les explicó el reglamento del club?

Los sujetos se miraron el uno al otro y con afán de burla, comenzaron a reírse y a negar con sus rapadas cabecitas lo cómico e imposible de la situación. No podían entender cómo es que un sujeto así los hubiera detenido. Era sumamente ridículo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Auto-Destrucción


El autómata lo ayudó a pulsar los botones que activaban la última secuencia, y así, todo fue consumado en tan sólo un par de minutos.
El frío sideral que imperaba fuera del cristal transparente era repelido todavía por finísimas venas de aire cálido inyectado. Los instrumentos señalaban un remanente de energía del 20%. Suficiente...Pensaba él.

La cápsula alargada de color platino se deslizaba hacia el exterior del complejo. Auto-sustentada por su propia energía y con un rumbo ya previamente calculado.
Duró apenas unos cuantos segundos suspendida en el espacio; ya estaba fuera de su alcance. Jamás la volvería a ver. Tantos recuerdos y tantas memorias dejadas bajo el cobijo de circuitos indiferentes; simulaciones de una conciencia que no era la de él...Palabras grabadas en tiempos lejanos; emociones congeladas que ahora lastimaban igual que en el pasado, si no es que más.

viernes, 26 de abril de 2013

La Receta Perfecta - Parte 1


Les juro que yo sólo iba al dentista. Sólo a eso...Y terminé asociándome con el hombre del sombrero. Y se puede decir que mi vida se descompuso totalmente, a partir de ese momento.
Pero veamos, todo comenzó cuando yo iba yo a una simple limpieza dental. Llegué a tiempo a mi cita, un Sábado como cualquier otro, a las 10 de la mañana. Me encontraba esperando que la Doctora Domínguez se desocupara; recuerdo que jugaba con mi celular cuando una curiosa y ajena conversación comenzó a colarse por mi oído izquierdo (mi oído espía, como solían decirme algunos de mis conocidos)...

- Así es, amiga. Debes ir inmediatamente con él. A mi me curó por completo.
- ¿Pero cómo te curó?, ¿qué tipo de tratamiento te dió?
- No te puedo decir, lo único que sé es que a partir de que lo vi, yo dejé de ver insectos recorriendo las caras de las personas.

¿Qué?...Yo...Yo también padecía de aquella situación rara. Nunca lo había admitido ante nadie ni lo había revelado a ninguna persona. Era algo que aunque no me sucedía muy a menudo, era sumamente perturbador cuando ocurría. Era algo que mantenía como el mayor de mis secretos.
Yo había llegado al punto en que no le daba ya demasiada importancia. Muchas veces me había atrevido a tocar los rostros de esas personas; traté de agarrar o sacudir aquellos bichos repugnantes que les veía en los rostros, pero...En cuanto tocaba la cara de la persona, todos esos insectos se esfumaban y yo quedaba como un perfecto idiota, en el mejor de los casos.

miércoles, 10 de abril de 2013

El Reloj que no daba las 6


Pasaban de las 5 de la tarde pero a ella le parecían más bien las 9 de la noche. La tormenta cerrada azotaba de forma cruel a la ciudad y oscurecía las calles pobremente transitadas. Se podía decir que la visibilidad era nula y las débiles y apagadas luminarias apenas constituían una pobre referencia de las avenidas, comercios y viviendas alrededor de ella.
Como fuera, a Dania no le importaba demasiado el mojarse "un poco".
A pesar de que su grueso impermeable la protegía hasta cierto punto, poca cosa podía hacer contra el agua que de repente le llegaba por los costados, al combinarse el frío chaparral con vientos moderadamente rápidos provenientes a veces de su izquierda, a veces de su derecha, tan cambiantes como su estado de ánimo últimamente.
Tenía frío en sus piernas semi-descubiertas y el rostro empapado, pero su determinación era tal que todo lo demás le importaba poco menos que un cacahuate tirado en el sucio piso de concreto mojado.

Reconoció las grandes y desgastadas letras de neón, brillando a través de la cortina de agua que cubría todo. Apuró el paso y al minuto se encontraba en el vestíbulo, chorreando litros de agua, ante la mirada desangelada de la recepcionista del café...A quién parecía que nada le devolvería el buen humor que supuestamente debía tener al recibir a un cliente, ni siquiera ante la imagen desventurada (y empapada) de la recién llegada. Aunque quizá no era de esas que solían burlarse de la desgracia ajena.
Definitivamente, esa recepcionista era nueva. Nunca la había visto antes en el café y eso en sí constituía una mala señal para Dania.

- Me están esperando...Si es tan amable de permitirme entrar...
- Claro que sí - contestó la recepcionista - Reconoce a su acompañante en alguna mesa?

Dania tardó medio segundo en localizarlo. Se encontraba a tres mesas de distancia y totalmente absorto en su bebida. Jordan no se había percatado de que ya había llegado...o quizá le daba igual.

martes, 2 de abril de 2013

Kolominoides


Él estaba bastante ebrio, con la mejilla sobre la plana superficie de la mesa, pero igual los escuchaba departir y discutir sobre cualquier trivialidad que se les ocurría. El alto y de barbilla deformada decía que ya no hacían poemas como los que a él le gustaban; el Filipino con acento inglés y gruesos bigotes rubios contestaba que el último libro de poesía que había adquirido era una basura, con excepción de unos versillos que hablaban sobre los curiosos Kolominoides.
¿Qué era eso?, preguntaban, mientras a él le importaban un bledo. Lo único que quería realmente era que lo llevaran a casa o al mingitorio más cercano para deshacerse decorosamente de todo lo que pugnaba por abandonar su cuerpo.
Cada vez que sus párpados comenzaban a cerrarse, algún voluntarioso y acomedido le propinaba un codazo en su costado, generando con ello risas y más sacudidas de las que normalmente aceptaría en una situación como en la que estaba. Él abría los ojos de nuevo e irremediablemente escuchaba una nueva alegata de parte de sus carismáticos compañeros.

domingo, 24 de marzo de 2013

39 - Parte 2


- Señor Luna, comprendo y recojo su testimonio del caso que nos acaba de relatar, sobre lo acontecido con Patricia Hernández. Me ha dejado con varias inquietudes; sobre todo teniendo otros 37 desafortunados incidentes; muy diferentes entre sí, todos ellos...Por la manera en que se dieron.
- ¿Eso quiere decir que me hará relatarle los 38 "incidentes", como usted les llama?...No olvide que ya le conté sobre uno; el primero.
- No es necesario repasarlos todos. Sólo algunos más; para formarme una mejor opinión sobre su condición. Debo decirle que hasta el momento, sus respuestas me han parecido bastante lúcidas. Parece ser un individuo en control de sus actos...Y emociones. Por lo menos hasta ahora.
- Es que usted no sabe lo que es ser "yo mismo". Yo debería estar hablando con un sacerdote, y no con usted, Alvarez...Pero bueno, esa es una opción que ya intenté en el pasado, sin grandes resultados, debo decir.
- Podríamos hablar sobre el caso de...Natalia León? Ella fue la segunda. ¿La recuerda?, ¿tendría algún inconveniente en que platiquemos sobre ello?
- No, ningún inconveniente. Quizá después de este caso, pueda al menos darme el beneficio de la duda.
- Dígame, ¿cómo la conoció a ella?

viernes, 15 de marzo de 2013

La Bebida de los Hombres - Parte 1



"Tomen y beban todos de Él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto, en conmemoración mía"...Acababa de decir el Padre Augusto mientras sostenía la reluciente copa dorada por encima de él y en dirección a sus feligreses.

La parroquia se encontraba casi atiborrada de ellos. Una concurrencia muy nutrida para ser la misa de las 8 de la mañana, en la que casi siempre sólo la mitad de las bancas eran ocupadas por los creyentes del pueblo.
Pese a la numerosa multitud, alcanzó a distinguir que Él se encontraba sentado en las primeras butacas, como siempre, desde los últimos 5 o 6 Domingos...Ese desconocido de barba larga y vestimenta humilde, sobre el cual nadie le había podido dar razón.

Era en sí raro porque él permanecía sentado siempre. La gente se levantaba cuando era momento de hacerlo; se arrodillaba...Como en ese momento, en que ofrecía o presentaba la carne y la sangre de Cristo...Pero él no. Siempre se encontraba sentado. ¿Tendría algún impedimento físico?...¿Y cómo era que desaparecía justo al terminar la celebración?...En un par de ocasiones, el Padre Augusto había tratado de seguirlo, pero lo perdía al instante. No, ese sujeto podía caminar, y lo hacía muy rápido...


lunes, 11 de marzo de 2013

39 - Parte 1

- Licenciado Alvarez. Me habían contado que vendría a verme, pero no pensé que fuera tan pronto. Supongo que deben de tener alguna prisa para emitir la sentencia.
- Señor Luna. Un placer...¿Cómo lo han tratado?
- Pues...No me dejan salir...Fuera de eso, creo que han muy sido decentes. Hasta ahora.
- Entiendo. Señor Luna, leí su perfil y estoy al tanto de todos los detalles. Sé que sus abogados han alegado...perdón. Han "expresado" que usted padece lo que comúnmente se conoce como "enfermedad de Pick". Un tipo de demencia...
- Sí, me dicen que así se le llama. Y usted ha venido a confirmarlo...o a negarlo, me imagino.
- El Estado me contrató, Señor Luna. Digamos que trataré de entenderlo y...
- Tratará...¿Pero podrá?
- Pondré todos mis recursos y mi experiencia en ello, Señor Luna. Espero contar con su ayuda, por supuesto.
- Claro.

La fría luz por encima de sus cabezas bañaba los rostros y perfilaba los contornos y facciones de ambos sujetos. Andrés Luna aguardaba paciente y correctamente sentado en un extremo de la mesa metálica; mientras que en el otro, el Licenciado Leonel Alvarez acomodaba ordenadamente sus herramientas de trabajo: un bloc de notas (aparentemente nuevo y en blanco), tres lápices, una goma para borrar y un manojo de carpetas que en teoría, contenían información sobre Luna.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Víctima de las Circunstancias


Fede apuró su Café y empacó el sandwich que su esposa le había preparado. Estaba retrasado, lo sabía...Pero también pensaba que el Licenciado Oropeza no sería tan puntual como le había prometido. No era que estuviera confiado, sino más bien estúpidamente esperanzado en factores o circunstancias que no dependían de él en absoluto; después de todo, el mundo de las benditas excusas era tan vasto y extenso.

5 minutos después, se encontraba inmerso en las congestionadas y reducidas vialidades de la ciudad, y mientras se escurría por aquellas calles estrechas, escuchaba extasiado el último disco de banda que había comprado y de vez en cuando, "tuiteaba" cualquier tontería que le venía a la mente.
No sabía por qué pero uno de los hashtags más populares de la mañana trataba de incomodar al partido al cual pertenecía. Y no es que le hirviera la sangre siempre que se metían con su partido o con su gente...Era algo más bien bochornoso, que prefería olvidar la mayoría de las veces.
Quitado de la pena, cantó en voz alta la última estrofa de la canción, imaginando para sus adentros esos sentimientos tan fuertes y "llegadores" a los cuales se hacía referencia en la música. No obstante, los pitidos de las decenas de carros que tenía atrás de él, lo devolvieron a la realidad para que pudiera avanzar los dos metros que ya tenía libres adelante.

lunes, 11 de febrero de 2013

Reflejos que transforman


Era en la tercer colina, pasando el Valle de los Largos Suspiros y antes de llegar a la Cascada de Aguamiel. Allí era donde vivía Hugo Cienflores, que también tenía cien flores parlantes y cien perros falderos...Sólo que estos no hablaban en absoluto y tampoco se apellidaba Cienperros, no...Sólo Cienflores.
Pero Hugo tenía una característica mucho más especial que su mero nombre. Era flaco, flaco; extremadamente flaco...Y se decía que tenía el mismo peso que unas simples hojas de papel, aunque claro, nunca nadie se había puesto a comprobarlo pues era más bien raro verlo en el pueblo...O en alguna parte. Quizá, producto de su delgadez extrema es que fuera tan poco visible para los demás.

Hugo no tenía caballo, ni carro de mulas que lo llevara (a donde fuera que éste iba). Cuando tenía la necesidad de ir a algún sitio, simplemente se dejaba llevar por las ventiscas y las rafagas de aire; era una cosa que no te explicabas del todo pero que como todo mundo en ese apartado pueblo, terminabas por aceptarlo y hacerte a la idea de que en un momento dado, podías ver al buen Hugo volando de aquí a allá...Siendo arrastrado por el caprichoso viento y sin ningún destino en concreto. Claro, eso si de entrada lo podías ver.