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lunes, 6 de septiembre de 2021

Bucle

Ando sobre mis pasos, bajando por el sendero abierto y en dirección a una ya familiar "nada".

Arriba en la colina, de agrestes arbustos y rocas achatadas, aguardé todos aquellos minutos durante el cambio de estación.

Manos sobre las piernas, ojos al horizonte y corazón hacia aquellas insonsables profundidades de la madre tierra.

Anduve todos esos pasos, por el sendero abierto, pero ella nunca llegó. Incontables ocasiones me he preguntado si he subido a la colina apropiada.

Incontables veces me he preguntado si las lágrimas pueden subir al cielo en lugar de caer hacia el suelo; si al juntar un montoncito de tierra con mis 2 manos, estaré más o menos igualando el tamaño y el peso de mi propio corazón...Y entonces voy con el montoncito de tierra ofreciéndolo al cielo y a las nubes, esperando que ella lo acepte, esté donde esté. Es sólo un símbolo, le trato de explicar a nadie...

No me queda de otra que repetir mis pasos, mis piensos y mis lágrimas.

Subiré otro día y otro día después.

Juntaré la tierra y la moldearé con mis manos.

Esperaré todo lo que sea necesario.

Los girasoles duermen ahora su imperturbable sueño, y como ellos, me apresuro a cerrar los ojos para poder soñar de nuevo con aquellos ojos que añoro, e imaginarnos tomados de las manos mientras andamos por el sendero, con el calor del sol bañando nuestros rostros.

¿Toda esta felicidad es real?...Le pregunto a mi compañera...Pero al mirarla para saber su respuesta, ella ya no está. Me encuentro solo y el sol se ha puesto.

Las cigarras y los tímidos grillos esparcen su onírica canción de cuna, al tiempo que mi alma se separa de mi cuerpo; se levanta sobre la cama y vuelve la mirada hacia el cuerpo, esa cáscara quieta que yace indefensa, con las manos llenas de tierra y el corazón dilatado pero aún latiendo...

El alma sale de la casa, para volver a caminar por donde anduvo el cuerpo. Busca a su alma gemela; un destello de luz en aquella oscuridad momentánea; una voz que la guíe por el sendero correcto; un amor prometido hace mucho tiempo y que se niega a desvanecerse.

Espero ella tenga mejor suerte que yo, aunque si regresa a mi cuerpo por la mañana sabré que no ha sido así y entonces volverá a depender de mi el andar esos pasos y subir por ese sendero, una vez más.

miércoles, 10 de enero de 2018

Nibiru - Parte 8

Los hermanos y Mina Onara

Bruselas, Bélgica.

5 autos blindados y sofisticados circulaban por la Rue Royale hasta detenerse en la entrada del Palacio Real de Bruselas, alrededor de las 9 de una noche realmente fría. Uno de los guardias les dió acceso y los vehículos se internaron rápidamente en la zona de aparcamiento. Una de las ventanas del tercer auto descendió para permitirle a cierto tripulante asegurarse de que la bandera del país no estuviera izada, ya que eso significaría que el Rey no se encontraba en el Palacio, aunque eso era algo que de antemano ya había sido negociado; algo que él sabía, pero que de todas formas sintió curiosidad por comprobar. “Los hombres y sus protocolos”, pensó.
Al detenerse los vehículos, los 3 hermanos descendieron (cada uno desde distinto auto), junto con sus acompañantes. Era improbable que alguien notara la diversidad de estaturas de aquel grupo, en el que el más alto medía alrededor de los 1.90, mientras que el más bajo, cerca de los 1.50.

martes, 7 de noviembre de 2017

El baile del fantasma

Desde que llegamos siempre quise quitar esa maldita cabeza de león que cuelga sobre la chimenea. No servía de nada mirar las cortinas de los años setenta o la luminosa lámpara de lava que aguardaba en una de las mesitas del pasillo; o los clásicos en vinil que colgaban y que tapizaban toda una pared. Invariablemente siempre volteaba a ver aquella salvaje cabeza de león de ojos más vivos que los míos, y aquellos colmillos enormes que sin embargo deseaba tocar con mis manos.
No había más cabezas de animales disecados. Solamente aquel león, pero lo acompañaban varias fotos de expediciones y viajes a distintas partes del mundo. Sobresalían varias fotos en el desierto, y con las pirámides. Supuse que nuestro viejo amigo Mathews quedó prendado de Egipto y de buena parte del continente africano.

Mathews tenía una moderna tornamesa, conectada a su equipo de sonido de última línea. Y yo realmente no resistí la tentación de tomar un vinil de la pared; sacarlo de su funda, prender la tornamesa y lo demás que necesitaba para escucharlo. Recordaba muy bien qué botones activar pues había visto cómo lo hacía el viejo y gruñón de Mathews.
Tomé con cuidado la aguja y la ubiqué sobre el disco que ya giraba a las revoluciones necesarias. El sonido gótico majestuoso de “Spleen and Ideal” de Dead Can Dance comenzó a inundar la habitación y a apoderarse de mi mente.

martes, 17 de octubre de 2017

La Soledad

Caminando una vez por la playa de Palm Coast, me encontré con esta chica solitaria, sentada directamente sobre la arena, con la vista puesta en el azul cobalto del Atlántico. Su ondulante cabello castaño me impedía ver su rostro con claridad, desde donde yo estaba. Pero sí distinguía unas coloridas sandalias que hacían juego con unos sencillos pantalones cortos y un abrigo regular.
Sin embargo, lo que me llamó la atención no era el hecho mismo de encontrarse sola, en la playa…Sino el escucharla hablar, aparentemente con alguien más; alguien que no existía…Por lo menos no en los alrededores.

Decidido a saber de ella y sobre lo peculiar de su situación, dejé mi calzado en la orilla del andador y comencé a caminar descalzo sobre la arena en su dirección. La saludé y ella se giró hacia mi. Me saludó cortésmente al tiempo que me dedicaba una sonrisa gentil.
Me di cuenta de inmediato que no contaba con un dispositivo manos libres, audífonos o algún teléfono a la mano.
Sin rodeos, le comenté que me parecía muy sola, pero que me parecía aún más extraño que hablara con alguien; y que perdonara la curiosidad de un entrometido como yo. Y ahora que lo pienso, cualquiera me hubiera podido mandar al diablo…Hasta yo lo haría.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Estrella de Plata

Sí, quizá sea el Comisario más joven jamás electo en el dominio. A mis 14 años lo he visto casi todo y he hecho también casi todo…Claro, todo lo que cualquiera puede hacer en el dominio.

Tengo una estrella oxidada que me identifica como la autoridad; sombrero de ala (un poco roto) color café; un chaleco oscuro desgastado que combina con unas botas también desgastadas pero que me han servido para recorrer estas tierras olvidadas y marchitas en donde no crece nada, ni las hierbas malas ni las cactáceas que en otros tiempos adornaban el valle y los escarpados montes circundantes.
Tengo también un viejo reloj de cadena inservible, que llevo conmigo a todas partes…Tiene un valor sentimental para mi…A pesar de no servir absolutamente para nada.

En la casa insignia vivimos sólo el viejo Comisario y yo…Quien me dijo una vez que ya estaba demasiado cansado para cuidar de los corrales de la gente, y que yo debía de tomar la responsabilidad, aunque para entonces, ya no había gente y los corrales estaban vacíos, de tal suerte que…Sí, el trabajo es muy sencillo y casi nunca sucede nada interesante. Nadie suele visitarnos, de manera que, ver la silueta de un jinete bordeando el arroyo seco en dirección del puente que sirve de entrada al dominio…Fue todo un suceso para el Viejo y para mi.

jueves, 22 de junio de 2017

Señor Misterio

Maldita cabeza!, por qué no funcionas cuando se te necesita? Solamente quiero decirte que ni de loco consumiré esa cuarta taza de café. ¿Acaso no has escuchado sobre “reciprocidad”?…Por supuesto que lo has escuchado…Es decir, yo lo he escuchado a través de ti. Nuestro acuerdo: yo te doy ese químico que tanto te gusta y tú me das algo a cambio! ¿Es tan difícil de recordar un simple y estúpido nombre?!…

Otra vez esa alerta!, es la quinta vez que suena. Alguien debe hacer algo al respecto…Pero no traía un lápiz en la mano?…Creo que lo dejé en la cocina cuando fui por esa última taza. Mejor me levanto y sirve que enciendo de nuevo la calefacción. Puede que de camino hacia allá logre poner en marcha los engranes oxidados de esta condenada cabezota!

Es 10 de Diciembre y ya el piso de la calle amanece un poco resbaloso. Me doy cuenta cada vez que abro un poco la cortina y veo a la gente hacer suertes y malabares para evitar caerse. ¿Permahielo le llaman?…En fin. Deberían de usar un calzado diferente…Algunos de ellos. No me importa mucho, realmente, pero no quisiera tener a algún muerto enfrente de mi casa…La policía estaría aquí al poco rato y eso sería un fastidio!
Otro fastidio es no encontrar ese lápiz por ninguna parte, y ya comienza a ser una de esas mañanas en las que nada funciona y en las que más vale no haberse levantado.

lunes, 15 de mayo de 2017

El Escarabajo

Ah, triste Gárrulo lleno de embustes y traiciones; ansioso por disfrutar de aquellas exequias ajenas de las que te contaron; ávido por derramar lágrimas falsas cuando te hablan de algo que no conoces: el genuino dolor de un corazón apesadumbrado, doliente por aquello que yace sepultado ahora; por esa mirada que jamás volverá y por esas palabras que flotan en la bruma pero que se van extinguiendo a medida que se revuelven con las tuyas, estulto y estrambótico sin moral…
Y no hago otra cosa que mirar a esas dulces personas enfundadas en sus largos abrigos negros subirse a sus mojados pero relucientes carros negros; ninguno devuelve mi mirada; ninguno habla sobre aquellas gotitas que penden de las ramas y de las hojas de los árboles, ni de cuán fácil es verlas desaparecer y mojar la tierra que ellos mismos lloran.

Pero tú, cretino cuajante sin oficio y sin remilgos, no tienes el menor reparo en acompañar a aquellas almas en su tránsito lento y miserable hacia una impecable morada vacía; les das unas cuantas palmaditas en la espalda mientras hábilmente finges interés en lo que te platican. Que el Señor les sepa brindar fortaleza y el ánimo para salir adelante, pero preguntales si de camino te podrán dejar en aquel café donde se reúnen para hablar sobre la obra de Murakami; el tiempo no importa…Aunque, pensándolo bien, ¿importó alguna vez?…

miércoles, 4 de enero de 2017

La Bebida de los Hombres - Parte 4

Margarita no podía terminarse su atole…Tenía el gusto muy amargo y no sabía por qué. Quizá ya no tenía apetito por algo caliente. Su mirada se perdía en la lejanía por sobre los verdes cultivos de maíz; obstinada en reconocer algo que sus ojos no podían distinguir del todo, o bien, tratando de ver para ella y su familia un lugar más allá del Valle de San Jacinto donde pudieran vivir sanos y salvos; donde pudieran tener un futuro que consistiera digamos de por lo menos algunos cuantos mañanas y atardeceres…Pero la pobre no contaba con tales habilidades.

Su esposo Felipe se había dado cuenta del estado en que se encontraba. No hallaba palabras que pudieran reconfortarla y disuadirla de lo que ella quería hacer.
El Padre de Margarita, Don Feliciano, trabajaba con velocidad limpiando las mazorcas recién cosechadas. Sus manos temblorosas y entradas en años no parecían padecer de la rutinaria tarea, y su ánimo parecía no corresponder con la situación que se vivía en el pueblo y en el seno de su propia familia.
Su boca arrugada mostraba apenas unos cuantos dientes prietos pero eso no le impedía sonreír a medida que iba desgranando las historias que más le gustaban. A él poco le importaba que todo mundo las conociera de memoria. Sentía que era un deber suyo, el proveer un poco de alegría y desfachatez mediante esas andanzas jocosas de las cuales se jactaba que había participado; milenios atrás, cuando la Luna era más grande y los campos más verdes - decía él.

martes, 15 de noviembre de 2016

39 - Parte 4

La casa de Leonel Alvarez se hallaba sumida en la oscuridad cuando él llegó; una casona de aspecto corriente al lado de otras tantas que también se hallaban apagadas y dormidas; muertas y frías a los ojos vidriosos del único remedo de espectro levantado en el vecindario.
Llevaba ahí largo rato, en el gélido interior de su auto apagado; estacionado justo fuera de la cochera de su casa...Su mente estaba en blanco y procuraba no hacerse ninguna pregunta por la cual obtendría una respuesta en automático; un "fax" no solicitado y mayormente en blanco salvo por un extraño emoticón en el centro del papel; cosas extrañas; cosas que se salían de ese más o menos estrecho universo material y simple al que él se hallaba acostumbrado.

Tenía la vista fija en la puerta y escrutaba todos aquellos detalles que ya le eran familiares (y que alcanzaba a ver, desde esa distancia); aquellas imperfecciones y golpes que había sufrido a lo largo de su historia.
La clave para mantenerse en control y no perder la cordura eran los "saltos de memoria", como él mismo los llamaba, y que básicamente consistían en elegir un recuerdo, profundizar en él, y luego desviarse en alguno de sus detalles; profundizar o recordar algo relacionado; desviarse y repetir el patrón...De forma indefinida; repetitiva...Hasta terminar en un punto totalmente ajeno, y con suerte, olvidar esos temores...Esas sombras que lo acosaban desde el principio. Eso se llamaba “evasión” y lo sabía muy bien, pero Leonel era muy afecto a etiquetar razonamientos o procesos mentales con nombres poco comunes. Los saltos mentales eran un escape perfecto de la realidad.

viernes, 22 de agosto de 2014

Larva

Impasible e inundado de todo
A juego con la cacofonía y el barullo sempiterno
Con el caos reproduciéndose en los rincones que no vemos
Y con las moscas violáceas recién salidas de sus capullos 
Todavía muy jóvenes para molestar a cualquiera

El expectador se vuelve retórico consigo mismo
Como una larva que pretende regresar a su huevo recién eclosionado
Pretende olvidar todas las reglas aprendidas
Pretende quedarse tal cual, impasible y volver a comprenderlo todo de nuevo

Pero no hay nada nuevo sobre la mesa tampoco
Sólo el desorden, las voces, los eventos sin importancia y el aire viciado
Motivos justificados según los criterios poco claros que aún revolotean en su cabeza
Muy poco qué sintetizar por parte de un aparato que lleva siglos descompuesto


Muy poco qué entender desde la perspectiva de la larva
Desastrosas coincidencias que lo llevan al borde del autismo
Incapaz de leerse a sí mismo como lo hacía antes
Renuente de voltear a mirar el reloj, a pesar de que sabe que lo suyo es puramente tiempo perdido
Y luego queda lo que desechan los demás seres

Rastros de vidas efímeras y larvarias (como la suya propia)
Retazos de oraciones incompletas y desgastadas que nadie nunca grabó para la posteridad
Fortunas desperdigadas que se evaporan en instantes
Vínculos fantasmales con mejores tiempos que murieron en una dimensión que nos elude a todos

Quizá sea como el reflejo de alguien que mira hacia atrás, preocupado por haber dejado algo
Quizá nunca hubo nada ahí; sólo el cascaron roto de lo que fue...
La razón carente de método; la mosca encerrada dentro de algo que no puede ver
Como la vida misma; como aquel sueño en que se veía viajando en un tren
Como el paisaje que pasaba ante él, en aquella ventana fría e inmaculada

Él, que se creía expectador solamente
Y el mundo como lo imaginaba, tan diferente y tan semejante a la vez
Pero cómo estar seguro de algo?...
Cómo contener un grito lleno de pavor que nace desde las mismas entrañas?

Tan sólo palabras que alguna vez cruzaron por su mente.

viernes, 27 de junio de 2014

La Bebida de los Hombres - Parte 3


El Padre Augusto se hallaba cansado, y un tanto aburrido también, ¿por qué no decirlo?...El calor de la tarde hacía que sudara de forma incómoda; sobre todo estando ahí, dentro del reducido confesionario y esperando la llegada de algún pecador decidido a admitir sus ofensas contra el Señor. No hubo muchos ese día, tenía que admitirlo...Y ansiaba levantarse y recluirse en sus frescos aposentos; tomar un poco de vino tinto y relajarse mentalmente...Tenía mucho que predicar; mucho qué decir en la misa de 7 de la noche. Su parroquia lo necesitaba ahora, más que nunca...Y estaba a punto de marcharse cuando vio que alguien entraba al recinto derecho del confesionario y abría la ventanilla que lo comunicaba y por medio de la cual, el Padre Augusto escuchaba a los arrepentidos y estos a su vez, escuchaban la penitencia salvadora que limpiaba toda mancha; que aliviaba el escozor provocado por las malas conductas.
Una voz desconocida rompió el silencio imperante...

lunes, 23 de diciembre de 2013

Consumido en la oscuridad

"No vuelvas a buscarme, por favor..." fue la última parte de aquel mensaje lacónico y entonces, la nada. El fin de la grabación digital; el fin de todas las cosas si le preguntaran a él.
Harían falta palabras; muchas palabras...Pero no las tenía; carecía de ellas y de muchas cosas. Aquel hueco que anidaba en el fondo de su corazón constituía más un abismo que lo devoraba de adentro hacia afuera y que engullía todo sentimiento y toda idea que comenzaba a danzar sobre su resquebrajada conciencia, y fue por ello que poco a poco, fue convirtiéndose en un ser sin palabras; sin ideas ni aspiraciones; mudo ante la vida y vacío de cualquier tipo de emoción.
A partir de ese momento, como si se tratase de una especie de sol negro, fue llevando la oscuridad y la desdicha allá donde iba; allá donde vagaba sin ningún rumbo en específico. Tropezaba y daba tumbos pero continuaba, gobernado por ese mismo hueco hambriento que ahora se alimentaba de las palabras y de las risas de los demás. Desolación, desesperación y confusión eran las huellas que a su paso dejaba; un muerto en vida que robaba la energía y la pasión de todo aquel que se llegaba a cruzar en su camino.

martes, 10 de septiembre de 2013

Asesino en las Sombras

El equipo Ambar cruzó rápidamente el portal. Genie sacó su escáner y sin perder tiempo alguno lo puso en marcha. El aparato arrojaba más y más lecturas a medida que el resto del equipo se le unía. El lugar se encontraba sumergido en una oscuridad ominosa cuando las linternas de algunos de los miembros del equipo comenzaron a disiparla por rafagas luminosas. Pronto comenzaron a aparecer rincones sucios; telarañas de formas caprichosas; esculturas rotas y objetos extraños dispersos por todas partes. La bóveda era alta y de ella colgaba una araña vieja y oxidada, que parecía que no se les caería encima en los próximos minutos.
Al final de la estancia había 3 puertas; cerradas todas ellas...El equipo se distribuyó rápida y eficientemente a lo largo y ancho de aquel lugar. El portal fue clausurado y un grupo comenzó a acumular muebles y objetos pesados ante dicho portal. Cualquier cosa servía...O eso esperaban ellos.

- El lugar está limpio! - Anunció Genie - Rod, ¿cuántos perdimos esta vez?...Tara, organiza un grupo de reconocimiento!...Vamos a tener que movernos de aquí muy pronto!
- Genie, todos estamos cansados de correr...
- ¿Rod?!
- Conté 12, Gen. Perdimos a 2. Silvia y Arnold cayeron al vacío antes de que cualquiera pudiera hacer algo por ellos.
- Ok. Tomemos 10 minutos. Clara...Sé que todos estamos cansados de correr. Pero tú has visto lo que esta incursión nos ha costado. Hemos perdido ya un tercio del equipo. Me temo que si no nos movemos constantemente...Corremos el riesgo de que nos encuentren fácilmente.
- Yo te entiendo, pero...¿Qué nos delata, Jefe? - Preguntó Clara, la pelirroja que hacía más preguntas que todos los demás juntos.
- No lo sé, de verdad. ¿Alguna teoría, Greg?

jueves, 8 de agosto de 2013

Nimrz y la Flota de 1000 Cucarachas

El abyecto general reunió a sus tropas de élite; todos esos abigarrados y acéfalos insectos se movían como las cucarachas que eran; caminando en sus 4 patas posteriores, haciendo tac, tac, tac. Todo con la precisión y la formalidad debida. No se dispensaban disculpas ni perdones para las antenas en mal estado; ay de aquel que no llevara sus botas pulidas y su pulcro confalón colgado de sus pechos escarlata; todos conocían bien las gentiles diatribas que podían esperar si no cumplían al menos con esto.
Pero...El insecto que se situaba a la derecha del general...¿Quién era?...Muchas cucarachas se preguntaban lo mismo. Nadie le conocía o lo había visto antes. Enclenque e inane como se le veía, parecía poco probable que fuera familiar del bicho gordo y orondo que era el gran general Vouldrar III. Imposible!, y todos conocían bien la genética y a la ingente parentela del general.

- Bien, bien. Todo mundo, dejar de farfullar! - Gritó la gran cucaracha y el silencio se hizo manifiesto.

viernes, 12 de julio de 2013

39 - Parte 3

Una figura tambaleante cruzó el largo pasillo, pasando a unos metros del adormilado Policía de turno...Quien luego de unos instantes recordó que se suponía que el sujeto debía de registrarse en su cuadernillo de visitas, y que se había pasado de largo.
Se levantó perezosamente y se asomó por el pasillo. Ya no estaba...¿Había sido real?, ¿había pasado alguien por ahí?...Quizá tomarse un café cargado era buena idea, se dijo, mientras volvía a su cómoda silla de múltiples posiciones.

Leonel Alvarez caminaba nervioso hacia el despacho de la Fiscal Especial. Se culpaba una y otra vez por la falta de auto-control que había exhibido en la sala de interrogatorios. Llevaba revuelto el expediente del homicida y ahora caminaba como una especie de zombie, siguiendo una voz interior que lo controlaba de forma espeluznante; que le permitía ser consciente de él mismo hasta cierto grado, pero que por otro lado le impedía hacer cosas como enderezarse el nudo de la corbata; que adormecía su razonamiento con cada sílaba que ponía en el interior de su cerebro. No daba crédito a cuan fácil habían caído todas y cada una de sus defensas mentales...¿Qué o quién lo controlaba ahora?

El Psicólogo se paró de forma descompuesta justo a la entrada de la oficina de cristales inmaculados...Indeciso en si debía de tocar o esperar a que lo invitaran a pasar. Ella se hallaba totalmente inmersa en su máquina portátil. A Leonel le llegaba el golpeteo de sus largas uñas sobre las teclas de plástico.
En algún punto, el "click-clack" cesó y la mujer reparó en que había alguien afuera de su oficina. Se ajustó sus gafas de moldura oscura y barrió con la vista la maltrecha humanidad del Licenciado Alvarez. Dió un sorbo al vaso térmico que se encontraba sobre su escritorio y se repatingó en su elegante silla de piel.

jueves, 4 de julio de 2013

La Bebida de los Hombres - Parte 2

Francisco apuró su café. Tenía que seguir con la investigación (o eso es lo que él se repetía a sí mismo) y no quería quedarse más de lo necesario en Las Magdalenas. Lo habían recibido mejor de lo que esperaba, dadas las circunstancias...Y no deseaba crearle a la gente falsas expectativas. La verdad es que no había ninguna pista ni explicación sobre los crímenes cometidos. Luego de varios días y semanas en algunos casos, los cuerpos habían sido movidos, velados y enterrados. Las escenas de los crímenes habían sido más que alteradas o ya no existían para entonces. ¿Cómo podía conducir una investigación así?...¿Por qué lo habían mandado a él?

Siendo totalmente realistas; la autoridad de la capital había respondido por mero compromiso, para no verse demasiado...desobligada o apática. También, siendo francamente realistas, al mandarlo a él enviaban otro mensaje al mismo tiempo: "Arreglenselas como puedan!".

martes, 18 de junio de 2013

El Vendedor de Estrellas

Me situé justo enfrente de la puerta y toqué el timbre como debía de hacer. Una armoniosa sucesión de alegres sonidos se escuchó en el interior del departamento 1323...Y durante el siguiente minuto estuve muy tentada a abandonar la locura que me había llevado hasta ahí y regresar a casa de la Abuela para reclamarle por sus disparatadas y lunáticas historias.
Hasta una niña de 9 años como yo sabe cuando un adulto de muy avanzada edad te está contando fantasías sin fundamento ni moraleja; prosa descuidada y salpicada de anécdotas difusas; historias perdidas y alteradas por excentricidades y opiniones sobre lo que "debería ser", en lugar de "lo que fue realmente".

Yo me iba a marchar cuando la puerta se abrió y un señor mayor envuelto en una colorida bata salió a atender el llamado. Lo primero que hizo fue buscar en todas direcciones al responsable de haberlo sacado de la cama (quizá). Sus ojos viejos y cansados no tuvieron éxito en tal objetivo pues yo me encontraba bastante más abajo de su línea de vista...De manera que tuve que carraspear para anunciar que me encontraba ahí; varios centímetros abajo de lo que cabía esperar.

jueves, 16 de mayo de 2013

El Adefesio y las Locas


Mauro y Julio eran dos locas sentadas en su cómodo carrito de golf, paseando campantes por una de las colinas del campo "Tres Marías" cuando de pronto vieron a un sujeto bajito de gorro color verde (súper, súper mayate!) salirles al paso y decididamente interrumpirles la diversión. Los carros se detuvieron de manera abrupta tan solo a unos centímetros del bajito, quien de inmediato les increpó:

- Alto, locas!...¿Qué nadie les explicó el reglamento del club?

Los sujetos se miraron el uno al otro y con afán de burla, comenzaron a reírse y a negar con sus rapadas cabecitas lo cómico e imposible de la situación. No podían entender cómo es que un sujeto así los hubiera detenido. Era sumamente ridículo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Auto-Destrucción


El autómata lo ayudó a pulsar los botones que activaban la última secuencia, y así, todo fue consumado en tan sólo un par de minutos.
El frío sideral que imperaba fuera del cristal transparente era repelido todavía por finísimas venas de aire cálido inyectado. Los instrumentos señalaban un remanente de energía del 20%. Suficiente...Pensaba él.

La cápsula alargada de color platino se deslizaba hacia el exterior del complejo. Auto-sustentada por su propia energía y con un rumbo ya previamente calculado.
Duró apenas unos cuantos segundos suspendida en el espacio; ya estaba fuera de su alcance. Jamás la volvería a ver. Tantos recuerdos y tantas memorias dejadas bajo el cobijo de circuitos indiferentes; simulaciones de una conciencia que no era la de él...Palabras grabadas en tiempos lejanos; emociones congeladas que ahora lastimaban igual que en el pasado, si no es que más.

viernes, 26 de abril de 2013

La Receta Perfecta - Parte 1


Les juro que yo sólo iba al dentista. Sólo a eso...Y terminé asociándome con el hombre del sombrero. Y se puede decir que mi vida se descompuso totalmente, a partir de ese momento.
Pero veamos, todo comenzó cuando yo iba yo a una simple limpieza dental. Llegué a tiempo a mi cita, un Sábado como cualquier otro, a las 10 de la mañana. Me encontraba esperando que la Doctora Domínguez se desocupara; recuerdo que jugaba con mi celular cuando una curiosa y ajena conversación comenzó a colarse por mi oído izquierdo (mi oído espía, como solían decirme algunos de mis conocidos)...

- Así es, amiga. Debes ir inmediatamente con él. A mi me curó por completo.
- ¿Pero cómo te curó?, ¿qué tipo de tratamiento te dió?
- No te puedo decir, lo único que sé es que a partir de que lo vi, yo dejé de ver insectos recorriendo las caras de las personas.

¿Qué?...Yo...Yo también padecía de aquella situación rara. Nunca lo había admitido ante nadie ni lo había revelado a ninguna persona. Era algo que aunque no me sucedía muy a menudo, era sumamente perturbador cuando ocurría. Era algo que mantenía como el mayor de mis secretos.
Yo había llegado al punto en que no le daba ya demasiada importancia. Muchas veces me había atrevido a tocar los rostros de esas personas; traté de agarrar o sacudir aquellos bichos repugnantes que les veía en los rostros, pero...En cuanto tocaba la cara de la persona, todos esos insectos se esfumaban y yo quedaba como un perfecto idiota, en el mejor de los casos.